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CELEBRACIÓN MÚSICAL

Los Planetas: Revisando la órbita dos décadas después

CARLOS PÉREZ DE ZIRIZA. 14/06/2014 La reedición por el 20 aniversario del álbum 'Super 8' y la publicación del libro 'De Viaje por Los Planetas' coronan la fiebre conmemorativa alrededor de una de las bandas más relevantes del pop español de las últimas décadas

VALENCIA. Octubre de 1993. Los Planetas protagonizan la gira Alternative Tour junto a Surfin' Bichos y el Regalo de Silvia. Pasan por cinco de las principales ciudades del Estado. Aquel tour itinerante se perfila como una versión renovada de la Gira Noise Pop del año anterior, encarnada por Usura, Bach is Dead, Penelope Trip y los propios El Regalo de Silvia. La banda de Granada tan solo detenta un EP de cuatro canciones. No pasan del estado embrionario de promesas de una escena cuyos rasgos aún están por definir. Su álbum de debut vería la luz unos meses más tarde, en junio de 1994.

Junio de 2014. Sí, el año en el que el mundo se acuerda de Parklife (Blur), Definitely Maybe (Oasis), Dummy (Portishead) o Grace (Jeff Buckley), en una espiral retromaniaca que parece sugerir que cualquier tiempo pasado fue mejor. A dos décadas vista de que el suicidio de Kurt Cobain (Nirvana) preludiase el traspaso de poderes mediático entre grunge (norteamericano) y brit pop (británico), de que el trip hop certificase su crecimiento sostenible y de que el rock alternativo norteamericano, en un sentido más amplio, perfilase un vector apetecible para las multinacionales.

Resulta muy fácil esbozar conclusiones a todo pasado. Pero seguramente no hubiera sido fácil predecir, en el contexto de las circunstancias descritas en el primer párrafo de este texto, que Los Planetas fueran también a participar de la febril efervescencia conmemorativa perfilada en el segundo.

"No quiero pecar de adivino, pero cuando me llega la primera cassette de Los Planetas y pincho en casa 'Mi hermana pequeña', no tengo duda alguna de que debo compartir ese descubrimiento con los oyentes". Quien así se expresa es Julio Ruiz, histórico radiofonista de Radio 3.

Podríamos haber recabado la opinión de otras voces autorizadas. Como la de Jesús Llorente, quien escribió el libro Los Planetas. La verdadera historia, editado en 1999 por Rockdelux. O incluso la de Nando Cruz, quien abordó una fase posterior (pero más decisiva si cabe) del grupo en Una semana en el motor de un autobús. La historia del disco que casi acaba con Los Planetas, editado en 2011 por Lengua de Trapo.

Pero hemos preferido irnos justo al origen de todo. Al hombre que a principios de 1993 les hizo entrega del premio a la mejor maqueta de 1992 ('Mi hermana pequeña') sobre el escenario de la sala Aqualung, por votación popular de los propios oyentes de su programa, Disco Grande. En una gala retransmitida por TVE.

Ruiz, que prefiere esquivar el tono profético ("ha habido artistas posteriores a los que he apoyado y no pasó nada con ellos", confiesa), da voz también a algunos de los testimonios de De Viaje por Los Planetas, un libro colectivo recientemente editado por Ondas del Espacio, al que también aportan su visión Fino Oyonarte (productor de Super 8), Antonio Arias (productor de "Medusa EP"), Santi Carrillo (Rockdelux), Miguel Morán (Sala Maravillas/FIB), Luis Calvo (Elefant Records) o David López (RCA/Limbo Starr), y que se complementa con un CD con versiones a cargo de bandas como Odio París, Klaus & Kinski, El Último Vecino, Reina Republicana, Disco Las Palmeras!, Pumuky, Doble Pletina, El Faro, Cosmen Adelaida, Grushenka o McEnroe.

CORRIENTES CIRCULARES EN EL TIEMPO

La marea de memorabilia alrededor de Los Planetas, que puede ahogar al neófito o representar un festín absoluto para el converso, se completa con la reedición inminente, este mismo 17 de junio, de Super 8, el álbum de debut que les situó en la pole position para convertirse en emblema de una generación. La maniobra comercial incluye los gadgets habituales: el añadido del EP Nuevas sensaciones, una tirada limitada de 1.500 vinilos numerados y una reproducción de las letras escritas a mano por Juan Ramón Rodríguez Cervilla, a quien todo el mundo conoce como Jota. Todo sea por el 20 aniversario.

"Para mí, sigue siendo el principio de todas las cosas,  incluso diría que de muchas cosas del mundo independiente", nos cuenta Julio Ruiz acerca de sus primeros recuerdos de aquella seminal maqueta, el primer escalón hacia la configuración de Super 8. El término indie no era por aquel entonces más que una candorosa etiqueta para englobar a una difusa generación de bandas. Aquellos imberbes que querían matar al padre y negar la sombra de una hornada (la del pop hispano de los 80, simplificadamente precintada bajo el epígrafe de la Movida) marcada por la esclerosis creativa.

Al mismo tiempo, proyectaban unos rasgos comunes que les libraban de la desubicación generacional de sus hermanos mayores (Los Enemigos, 091, Surfin' Bichos o Cancer Moon). Y el símil del parentesco no es casual: Fino Oyonarte (Los Enemigos) produjo su bautismo de fuego (Super 8). Y los Surfin' Bichos les acompañaron en aquel Alternative Tour, lo más parecido a lo que se entiende por dar la alternativa (y no pretende ser un juego de palabras) en jerga taurina.

"Los Planetas aparecieron en el momento justo de regeneración y cuando más se necesitaba sangre nueva e ideas frescas porque había un presente musical que olía ya a casi caduco y no se podía vivir de espaldas a lo que pasaba fuera". Se puede decir más alto, con un verbo más florido o con mayores dosis de visceralidad. Pero no más claro de cómo nos los cuenta Julio Ruiz.

Habida cuenta del desvirtuado cajón de sastre en el que se ha convertido la llamada independencia hispana en el último lustro, no es de extrañar que Los Planetas conserven ese aura de relevancia que parece justificar el desembolso nostálgico. Y no precisamente porque se hayan separado, sino porque aún encarnan una serie de valores que trascienden lo meramente musical. Son una de las últimas bandas estatales que importan, entendiendo este peso específico desde la conexión generacional labrada a través de una evolución en la que los textos, las imágenes icónicas y la feroz autonomía creativa tejieron un estrechísimo vínculo emocional con su base de fans. La dicotomía cuitas sentimentales-sustancias tóxicas, el universo gráfico diseñado ad hoc por Javier Aramburu y el empleo del castellano funcionaron durante años como mortero que da sentido a la ecuación.

La gran paradoja, y el factor que al mismo tiempo pulveriza cualquier simplismo nominal o intento de síntesis desde la mera epidermis, es que lo hayan hecho prácticamente siempre desde una multinacional, como es RCA. Con la única excepción de su EP de debut, aquel Medusa de 1993, puesto en la calle por el sello Elefant. Es lo que Jota entiende por "estar impulsando la revolución desde dentro de la maquinaria enemiga", tal y como se lo describía a Nando Cruz en los tiempos de Una semana en el motor de un autobús (1998). O lo que Julio Ruiz entiende como "ser indie de corazón o de actitud", ya que poco importa la militancia discográfica "si uno conserva su rectitud y no se tuerce y sigue haciendo lo que le da la gana, al margen del logotipo que salga en tus discos".

A 20 años vista de Súper 8, es incontrovertible que la banda de Granada ha obrado siempre según sus propios principios. Pero mucho más discutible es que el ejemplo que han pregonado haya cundido de forma extensible a coetáneos y posteriores generaciones. Quizá por eso hay quien aún espera de ellos un último giro maestro. La senda de profundización en las raíces flamencas del acervo musical de su entorno, que iniciaron en 2007 con La leyenda del espacio, ha asfaltado el camino para que su credo expresivo circule en los últimos tiempos con energías renovadas. Es lo que Julio Ruiz califica como "ese impredecible ramalazo flamenco que ha dejado tan descolocado a unos cuantos mientras que otros decían amén". Y del que desconocemos si cabe mayor recorrido, en honor a la verdad.

¿CUMPLEAÑOS TOTAL?

Pero la fuerza centrípeta que aún ejerce su pasado (fundamentalmente sus extraordinarios primeros cuatro álbumes) es de tal magnitud que aún consigue derribar renuencias que parecían más firmes. Por eso (y por un buen puñado de dólares, que suele decirse) se prestaron a recuperar, punto por punto, el contenido de Una semana en el motor de un autobús en un par de conciertos en 2013, con la peregrina excusa de su quince aniversario. La reanimación de aquel material altamente inflamable (no hay más que recordar su cubierta) se resintió de su proverbial desgana escénica. Compareció el molde, pero falló el duende.

Y seguramente sea esa una consecuencia inevitable, si nos atenemos al característico erratismo sobre los escenarios de una banda que ha sido siempre como el Curro Romero del rock (y disculpen el manido símil), tan presta al arrebato de genio como al fiasco. En puridad, una constante de sus directos. Porque aunque recobrasen una solidez tan rocosa como mecanicista cuando comenzaron a desgranar La leyenda del tiempo (2007) y Una ópera egipcia (2010), lo cierto es que nunca han vuelto a alcanzar el estado de gracia sobre los escenarios que experimentaron a la altura de la segunda mitad del año 2000, con Unidad de desplazamiento recién salido del horno. Nos disculparán el personalismo, pero los antológicos conciertos de agosto de aquel año en Xàtiva (Socarrat Festival) y en diciembre en Valencia (Sala Repvblicca), a buen seguro que debieron ser extensibles al resto del país.

PARTE DE LO QUE ME DEBES

Así que mientras los fans de toda la vida suspiran obstinadamente por recoger apenas unas migajas de aquello que fueron y ya no se prestan a volver a ser (no había más que ver la expectación ante la casi improvisada actuación que se marcaron en una minúscula carpa del Primavera Sound, un sucedáneo anunciado con horas de antelación), no parece que los intereses de Jota, Florent, Eric y compañía pasen por reverdecer viejos laureles. De hecho, son Los Evangelistas, Grupo de Expertos Solynieve o la formación en directo de Antonio Arias quienes centran respectivamente sus actuales desvelos, entre los habituales rumores de desavenencias personales y una falta de interés en prolongar la marca que, aunque se reconoce en petit comité, es de dominio más que público.

¿Habrá un nuevo álbum de Los Planetas? Es más, ¿podrían legarnos aún un nuevo disco de canciones pop? Quizá el deseo y la realidad se confundan. Aunque ese remoto celo porque esa puerta no se cierre en un futuro es compartido (con cualquiera de nosotros) por Julio Ruiz: "Por querer, sí que me gustaría que hubiera un nuevo disco futuro a la altura de sus dos primeros álbumes, por ejemplo, pero estoy seguro de que eso ocurrirá si es que toca, no porque el club de fans añore un determinado sonido autóctono made-in-Planetas".

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