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ENTREVISTA AL DIRECTOR / entre la apatía, la explotación y el exilio

Jaime Rosales retrata a la juventud española desde la esperanza

BEGOÑA DONAT (FOTOS: MARINO SCANDURRA). 30/05/2014 El director español removió Cannes con su película 'Hermosa juventud', que llega hoy a los cines de toda España. El ganador de un Goya por 'La Soledad' reivindica una mayor atención hacia los jóvenes

VALENCIA. Más allá de representar al cine español en Cannes, por su condición de único director patrio seleccionado, Jaime Rosales abrió en esta edición del festival una ventana al mundo por la que detenerse en los rostros de los afectados por la crisis en nuestro país. Su quinta película, Hermosa juventud, exhibida en la sección Una cierta mirada, denuncia el dilema al que se ven abocadas las nuevas generaciones: la explotación o el exilio. El cineasta recibió el reconocimiento del Jurado Ecuménico, que premia proyectos que destacan los valores humanos y religiosos, por un filme dedicado a la savia nueva española, víctima de un 50 por ciento de paro.

El director de La soledad, vencedora de los Goya 2007, firma su película más cercana al espectador. En su último drama social dirige una mirada empática a los protagonistas. El empleo de la improvisación en los diálogos y la combinación de soportes, con tomas profesionales rodadas en 16 mm e imágenes realizadas por los actores con mini-DV, smartphone y cámara web, aportan dinamismo y verosimilitud a una instantánea precisa de la desesperanza.

-¿Cómo se retrata la juventud ajena desde la madurez?
-Quería hacer un retrato desde mi punto de vista, hacer un retrato fidedigno y con la colaboración de los propios protagonistas. Para lograrlo hice una investigación extensa y cercana y en el momento de escribirla, cambié el equipo técnico para que fueran de esa misma generación y me condujeran hacia su propio retrato. La mayor parte rondaba los 30 años y era su primera o segunda película. En el aspecto interpretativo, todos los chicos que acompañan a los actores principales como amigos improvisaron sus conversaciones, de modo que arrojaban su mirada sobre el mundo. Las ideas que exponen no han sido impuestas por mí.

-Otra película estrenada este mes, 10.000 kilómetros, también se sirve de las nuevas pantallas, en su caso Facebook y Skype. Aparte de la narrativa, ¿qué has querido explorar sociológicamente con este recurso?
-Hoy en día, la gente, pero particularmente los jóvenes, se relacionan a través del móvil mediante whatsapps e imágenes que creamos y hacemos circular. Al elegir esta combinación de formatos he pretendido integrar esa forma contemporánea de relacionarse y, al mismo, tiempo, dinamizar el relato, porque permite elipsis más rápidas y cambiar la textura, lo que crea un nuevo foco de interés en la película.

-¿Han sido referentes en la preparación Larry Clark o Gus Van Sant, directores reconocibles por sus retratos crudos de la juventud?
-Sí, he visto su cine y me ha gustado. También La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013) o algunas películas de Ken Loach, así como cortos de gente joven, realizados con tecnología web o Skype.

-¿Por qué te resulta importante en este momento retratar a la llamada generación perdida española?
-No utilizaría ese calificativo, porque me cuido mucho de haber hecho una película sin una mirada preconcebida. Hermosa juventud es una película muy cercana, muy objetiva y precisa. Sentía la necesidad de contar algo sobre lo que está pasando en España en estos años difíciles. Dentro de las diferentes posibilidades, el colectivo más numeroso, que más está sufriendo y ser halla más descuidado es el de la gente joven. Y como hacer una película es también intentar conocer y entender algo, su realización me ha permitido conocer a la gente joven y deshacerme de prejuicios e ideas preconcebidas. La generación actual no está para nada perdida, sino en la inercia, esperando su oportunidad. Tienen mucho talento, muchas cosas que decir, son muy listos y, sin embargo, están viviendo un periodo tremendamente hostil. Es como si alguien preguntara por qué en una cárcel los presos no se escapan. Habrá que ir a vivir a la cárcel para ver qué ocurre ahí. Los jóvenes están esperando su oportunidad y la cogerán y crearán un mundo mejor para ellos y para nosotros.

-Tu actriz protagonista, Ingrid García-Jonsson, ha declarado que el cine español, en general, "le da un poco la espalda a su propia realidad". ¿La secundas?
-En el cine que se hace en España hay propuestas bastante diversas y eso es lo bueno. Puede haber una comedia, un thriller, una película social, buenas películas de miedo. Sería malo si sólo hubiera un tipo de cine, porque resultaría más aburrido. 2014 está siendo un año bastante bueno. Hay películas que han conectado bien con el público y otras que están teniendo una buena recepción crítica. Y entre esos dos polos, lo comercial y la calidad, se intenta que salgan buenas obras. Este año me da la impresión de que la balanza está equilibrada. Quiero destacar que no soy talibán de un tipo de cine, puedo ir a ver Godzilla y una película filipina de Brillante Mendoza. En el cine han de convivir una vertiente que retrate la realidad, un cine concienciado, y otro de evasión. Como espectador también busco a veces un señor de los anillos, una comedia ligera o un James Bond.

-¿Tu continuidad en esta línea menos ensimismada depende de la reacción del público a esta película?
-No sé, en estos momentos necesito ver qué pasa con la película y coger perspectiva antes de meterme en un nuevo proyecto. Puede que siga esta vía más abierta o que me apetezca hacer una cosa más experimental.

-¿De qué manera te ha afectado ser el único español seleccionado en Cannes?
-Hubiera sido mejor que hubieran ido más películas españolas, porque cuando hay películas de un mismo país se crea más interés por esa cinematografía. El año pasado sucedió así con México y este con Argentina. Va a rachas, a veces la iraní, la filipina... En 2009 coincidieron Coixet, Almodóvar y Amenábar ,y eso fue muy bueno.

-Esta ha sido la cuarta ocasión en que participas en Cannes. ¿Cuál ha sido el impacto de tu paso por  el festival en tu carrera?
-Ha sido un gran apoyo desde el principio. He tenido una gran suerte al haber ido siendo seleccionando, porque le han dado una notoriedad internacional a mis películas que no hubiera alcanzado. Resulta difícil alcanzar la atención de la prensa y de los mercados que se logra aquí.

-¿Cómo te sienta que la crítica internacional se refiera a ti como un Michael Haneke a la española?
-No me gusta mucho. Admiro a Haneke como director, es un maestro en el control del medio, pero hay algo en su cine que encuentro muy cruel, tiene una mirada más fría. No me identifico para nada, porque la mía, aunque un poco distanciada, no me impide identificarme con los personajes. De hecho, me acerco mucho a ellos, sufro bastante. Existe una notable diferencia entre él y yo.

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