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II Festival Valencia Negra

Polis que escriben

CARLOS AIMEUR. 15/05/2014 Víctor del Árbol se une a la corta nómina de policías que abandonan su trabajo para dedicarse a la literatura; sigue ejemplos como los del americano Joseph Wambaugh, mito de la novela negra

VALENCIA. En 1985 saltó la banca en el premio Nadal de Literatura. Un absoluto desconocido, José Luis de Tomás García, inspector durante cinco años en Estupefacientes y en ese momento en Homicidios, había ganado el premio decano de las Letras españolas con su primera novela, La otra orilla de la droga. En una de sus primeras entrevistas tras obtener el premio, De Tomás, que en la actualidad es cronista oficial de Manises, aseguraba que "la policía es una escuela de psicología impresionante".

Este fin de semana pasado el escritor Lorenzo Silva iba un poco más lejos. El madrileño alabó las cualidades literarias de los agentes durante su participación en un coloquio dentro de la segunda edición de Valencia Negra: "Son muy buenos narradores porque se pasan la vida haciendo atestados. Han aprendido a sistematizar ese trabajo para ser fieles a los hechos. He tenido acceso a unos relatos extraordinarios, tanto de agentes rasos como de miembros con más rango y son igualmente buenos; tienen capacidad para ofrecer relatos perfectamente estructurados que a mí me han servido de mucha ayuda", dijo.

Pese a ello la nómina de policías escritores no es muy extensa. O al menos así lo cree el director del festival valenciano Jordi Llobregat, quien sostiene que "no es tan usual como parecería". A vuela pluma Llobregat cita a nombres como el mosso Rafa Melero, el policía nacional Esteban Navarro "que ha destacado mucho con sus ventas en Amazon", Marc Pastor "por sus ventas internacionales", pero incluso algunos policías que son novelistas de éxito, como sería el caso de Sebastián Roa, no escriben novela negra sino histórica. "Cuando le conocimos, mucho antes de que pensáramos hacer Valencia Negra, lo primero que le preguntamos era por qué no escribía novela negra y nos miró con angustia", ríe.

Y es que, comenta Llobregat, "escribir ficción no es tan fácil".
"El año pasado hicimos una mesa en la que estaban un juez, un detective y una periodista. La frialdad que exige el trabajo profesional le quita esa patina que le damos de misterio, oscuridad. 
Ficcionar algo que ven tan de cerca les cuesta.
 De hecho un detective que escribiese su quehacer diario tal cual sería un rollo. Necesita el elemento de ficción. No significa que tenga que ser irreal, pero necesita un elemento externo que dinamice la narración", añade.

Este miércoles VLC Negra celebró una de sus charlas en la sala Russafa con la presencia de Esteban Navarro y de Rafa Melero, entre otros. A Navarro se le atribuye el término Generación Kindle para referirse a los escritores surgidos al abrigo del libro digital. Él de hecho se hizo famoso a través de Amazon, donde publicó por primera vez en enero de 2012, y llegó a ser seleccionado para hacer una campaña de promoción del libro digital. En un mes tenía un contrato de una editorial convencional.

Su nombre su popularizó definitivamente a raíz de ser finalista del Nadal con La noche de los peones y de un artículo en el blog de Lorenzo Silva, 'Libros, polis y onicofagia'. Navarro Esteban Navarro.publica ya en papel, pero sigue siendo un referente por su éxito en internet, un modelo no sólo para policías sino sobre todo para cualquier aspirante a escritor.

Otro policía (en este caso mosso) que se ha destacado por su narrativa es Víctor del Árbol. En la actualidad el barcelonés es autor a tiempo completo. Ha dejado el cuerpo de Mossos y visitaba este miércoles Valencia con un nuevo libro bajo el brazo, Un millón de gotas, que ha publicado con Destino. Para Del Árbol, que publica thrillers, la actual eclosión de la novela negra se corresponde con la situación del país. "La novela negra responde a situaciones de crisis", asevera. No en vano el género floreció en los años treinta, después del Crack de 29.

En Un millón de gotas, que describe como una "novela mestiza", aparece el personaje de Gonzalo, un abogado laborioso que, tras recibir la noticia del suicidio de su hermana Laura, debe volver a su pasado y al de su padre Elías, que siempre ha mantenido bien guardado. Ese viaje del protagonista llevará al lector de la mano desde los tiempos de las grandes utopías en La Unión Soviética en los años 30 a la guerra civil, los campos de concentración de Francia, la II Guerra Mundial y la resistencia interna contra Franco.

Para el escritor catalán "hay muy buena literatura negra en España y creo que lo interesante es que no es una copia ni una imitación de lo que se hace en Estados Unidos, en los países nórdicos o en Italia, sino que tiene una cosa autóctona y propia, que hace que la gente se identifique porque la novela negra es un reflejo de la sociedad". Algo que también cree Llobregat. "Nos lo decía este martes Petros Márkaris; hay diferencias entre el Norte y el Sur de Europa y eso se percibe también en las novelas. Los escritores del Norte, por ejemplo, suelen darle muy poca importancia a la comida. Sus policías acaban siempre comiendo pizza, sandwich y cervezas. Nosotros somos más complejos que eso y si no mira Pepe Carvalho [el personaje creado por Manuel Vázquez Montalbán]", bromea.

Petros Márkaris en Valencia. FOTO: JESÚS CÍSCAR.

Una complejidad que se traslada a las novelas donde la vida cotidiana cobra tanta importancia como saber quién y por qué se cometió un crimen. "Reflejar que los policías aman, sufren, ríen, se divorcian, es decir, que son personas normales pero con un trabajo extraordinario, es un gran atractivo", sostiene el director de VLC Negra. "En las novelas negras nuevas se percibe mucho el peso de la familia en el desarrollo de las tramas, casi tanto como los intrigas", añade.


INSPECTOR EN ACTIVO, ESCRITOR REALISTA

Así lo comparte Santiago M. Sánchez, inspector de la Policía Nacional adscrito a Jefatura de Valencia, jefe de un grupo de investigación, ganador del premio nacional de Relato Corto de la IPA y autor de la novela La nota ronca, protagonizada por Borja Peral, un escéptico oficial del Cuerpo Nacional de Policía. Autor también de la inédita Cuestión de equilibrio, M. Sánchez sostiene que "el héroe atormentado de la novela negra típica no es lo habitual". "Harry Bosch [en referencia al personaje del periodista Michael Connelly] hay pocos. La mayoría de la gente de la profesión es más funcionario que policía. desde un punto de vista clásico, cinematográfico o novelesco. La gente intenta conciliar su vida particular con el desempeño del trabajo como polis. De hecho mi Borja Peral es mucho más funcionario que policía", comenta.

En su caso el debate ficción realidad es prácticamente inexistente. "Los problemas de llevar la realidad a la ficción tienen mucho más que ver con el estilo literario. Yo más bien novelo poco; el 80% de lo que escribo está basado en mis experiencias personales. Como policía sí te digo que la realidad tiene muchas más truculencias y más recovecos que la mejor de las novelas, pero transcribirlo así es verdad que cuesta. El problema es que la gente está acostumbrada a leer cosas de personas que, sí, se han documentado, pero en algunos casos no han tocado mucho la profesión. En las novelas a veces lees fallos garrafales que no ocurrirían en la vida real, del mismo modo que en la vida real se cometen fallos garrafales que no se suelen poner en las novelas porque resultan inverosímiles".

Y es que, constatan, en líneas generales existe un profundo desconocimiento de cuál es la realidad de los policías. "Hay una cosa que la gente tiene que entender, que es fundamental en la psicología de un policía"; apunta Víctor del Árbol: "Tu tienes la visión objetiva de policía porque la tienes que tener. Otra cosa es lo que a ti personalmente te afecta. No tiene por que ser lo más horrible para la gente. Tú puedes ir a un homicidio horroroso y eso no te afecta, pero en cambio puedes encontrarte con una muerte súbita de un niño, porque llegas antes que los servicios de urgencia, y eso se te queda durante años". Y es que, comenta el autor de novelas como El peso de los muertos o Respirar por la herida, "la piscología del policía funciona en dos mundos paralelos".

JOSEPH WAMBAUGH, AL QUE LLAMAN EL GRAN MAESTRO

Quizá el autor policía más elogiado de los últimos años sea Joseph Wambaugh. Así lo conviene Jordi Llobregat. Autor de libros imprescindibles como Los nuevos centuriones, Los chicos del coro o el más reciente Hollywood Station, Wambaugh está considerado como uno de los maestros de la novela negra contemporánea. Venerado por otros escritores como Connelly o el ya fallecido Ray Bradbury, ha sido la inspiración para generaciones de escritores, entre ellos James Ellroy, quien escribió con motivo de la publicación de Hollywood Station un conmovedor prólogo en el que relata como el libro de Wambaugh El campo de cebollas cambió su vida y le motivó a dejar de ser un vagabundo.

Wambaugh quería ser policía 20 años y retirarse pero el éxito literario le obligó a dejar el cuerpo de policía de Los Ángeles, donde llegó a ser sargento, cuando sólo llevaba 14 años. "La fama se lo impidió. La vida de escritor le jodió la de policía", escribe Ellroy. "Los sospechosos lo reconocían y le pedían autógrafos. Las llamadas de representantes y productores empantanaban la sala de la brigada de Holonbeck".


La mayoría de los libros de Wambaugh se han llevado al cine. Así ha sido con Los nuevos centuriones (Richard Fleischer, 1972), Los chicos del coro que fue llevada al cine como La patrulla de los inmorales (1977, Robert Aldrich), y, sobre todo, con El campo de cebollas (1979) que fue dirigida por Harold Becker y protagonizada por John Savage, James Woods, Franklyn Seales, Ted Danson, y Ronny Cox, y que está considerada por parte de la crítica estadounidense como una de las mejores películas policiales de los setenta en una década llena de buenos filmes del género.

"LLEGA UN MOMENTO EN QUE TE VAS SATURANDO"

Del Árbol sí ha cumplido los veinte años en el cuerpo de los Mossos d'Esquadra. En su caso llegó "por casualidad". "Vi en un anuncio en la prensa. Venía de la India. Yo era soldador. Vi el anuncio y entré en la policía. Después te implicas porque es un trabajo extraordinario. Te pones al límite muchas veces y descubres quién eres de verdad. Haber sido policía te da una visión del mundo muy distinta, tan abierta, en la que todo cabe... Aprendes a no juzgar. Observas y actúas", reflexiona. "Pero interiormente los años te van minando. Llega un momento en que tú también te vas saturando de situaciones, de dudas... Cuando ves cómo funciona el sistema también te haces muchas preguntas. ¿Qué sentido tiene lo que estoy haciendo? ¿Sirve para algo o esto que estoy haciendo es una mierda? Hay días que te vas a tu casa y piensas que tu trabajo no sirve para nada", añade.

Un cansancio mental que, dice Llobregat, es ignorado. "No se habla mucho de ello, pero los suicidios son muy habituales entre los policías. En muchas ocasiones necesitan marcar distancias con su trabajo y eso puede hacer creer que adoptan una actitud indiferente o arrogante, cuando lo que están haciendo es preocuparse de poder atender con la mayor frialdad posible tu problema y encontrarle la solución. 
[Los policías] Tienen empatía con el ladrón pero porque hay un lenguaje común entre ellos. No ocurre lo mismo con la gente.
 La mayoría de las veces que intervienen son insultados. La sociedad no suele respetar a sus guardianes. Es una relación injusta porque tienen que oír que les llamen 'gilipollas' porque le han dicho a una persona que tiene que mover el coche", apunta el responsable de Valencia Negra, "y después tienen que enfrentarse a los delincuentes".


"Es una cuestión de prejuicios", admite Del Árbol, "pero también te voy a decir una cosa: es nuestro trabajo, nuestra realidad. Como persona te afecta y te duele que se haga de una pequeña parte el todo", dice en referencia a la corrupción o la violencia policial. "Todos sabemos que los errores son más ruidosos que los éxitos. Di algunas clases en la escuela de Policía y les decía a mis alumnos: ‘No os victimicéis; no busquéis excusas. Es vuestro trabajo y no esperéis que os lo agradezcan. Si no lo entiendes así, vete... No esperes gratitud'. El único reconocimiento que puede esperar un policía es el de sus compañeros", concluye.

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2 comentarios

Aníbal Fajardo escribió
02/12/2014 01:21

Soy poeta y escribo poemas desde 1966,con dos poemarios publicados.Y también fuí policía de investigaciones en Uruguay, participando en situaciones de violencia extrema,donde me endurecí para sobrevivir. Cuando mi alma corría el riesgo de envilecerse,abandoné la policía.Sigo escribiendo poesía y también microcuentos,varios con temática policial.Lo curioso es que sigo sintiéndome un justiciero . . .

Lorenzo escribió
15/05/2014 21:14

Gracias Lorenzo Silva. De todos los policías que escribimos novela y guiones cinematográficos, poesía, teatro, ensayo, etcétera. Efectívamente, (en mi caso Policía Local en Gandía) de los 35 años de profesión, 16 de ellos los dediqué a la Instrucción de Atestados, a la Investigación de Accidentes de Tráfico y a la redacción de Informes Técnicos. Sí que es verdad que ello influye, pero falta que también exista un alma que te conduzca en este arduo mundo de la literatura, en la que casi siempre, cansados de participar en certámenes varios, terminamos por autopublicarnos, a cambio de casi nada, tal vez, sólo por poder leernos nosotros mismos en formato libro. Un abrazo, Lorenzo.

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