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EXPOSICIÓN 'VIVA'

El arte como suero de la verdad se expone en Valencia

CULTURPLAZA.COM (FOTOS: EVA MAÑEZ). 25/04/2014 La obra del artista Alessandro Brighetti juega a convertirse en un servicio hipnótico ante la realidad. FOTOGALERÍA de la inauguración

VALENCIA. La galería de arte Kir Royal (C/ Reina Doña Germana 24 E) acoge la primera exposición en España del joven artista italiano  Alessandro Brighetti. El título de la exposición hace referencia al Pentothal: un barbitúrico que en  pequeñas dosis se utiliza como un suero de la verdad, en grandes dosis como droga hipnótica o anestésica.

La verdad es un concepto muy importante en las obras de arte de Brighetti: el fluido que utiliza es siempre
fiel a sus reacciones químicas/físicas y los mecanismos de las esculturas se revelan sin ocultar nada. La exposición parece una orquestra donde todos los "instrumentos", escondidos en las obras mismas y
creados por el artista/director, hacen bailar rítmicamente las diferentes esculturas.

Las obras de Brighetti se presentan como cuerpos fluidodinámicos de un mecanismo continuo que  encrespa el material y transforma reiteradamente la forma. A la rigidez de la materia, el artista opone, de
este modo, un material adaptable, elástico, flexible y moldeable: el ferrofluido.  Se trata de una mezcla de nanopartículas de hierro envueltas por un tensioactivo iónico, colocado en  solución oleosa. Este líquido alquímico ya existe, Brighetti lo recrea con un químico en un laboratorio. El fierrofluido - a través de las relaciones y reacciones internas, atracciones y repulsiones causadas por engranajes mecánicos y electrónicos - fluye continuamente y entra en movimiento para crear volúmenes suaves y angulares, cinéticos y pasajeros.

Alessandro Brighetti
Alessandro proviene de una familia íntegramente compuesta de doctores. Su imprimación cultural es  inevitablemente de carácter científica. En sus últimos trabajos, el arte y la ciencia viven una fuerte relación
de coparticipación. Células y maquinaria industrial, microscópico y macroscópico, bidimensional y  monumental son algunas de las constantes de su obra.

El artista se inspira en el movimiento del arte cinético de los años 60 y, en particular, en Davide Boriani,  uno de sus fundadores. El movimiento es necesario para el cuerpo de la obra para poner en escena la  magia de la transformación. Rotaciones, pulsaciones y la recirculación son las dinámicas de esta primera  fase. El paso siguiente será la interacción con la música. Mientras en las series anteriores las técnicas  utilizadas eran medios para llegar a un fin y efectos de la poética del artista, en esta serie el medio se eleva al núcleo de la trayectoria estilística.

Brighetti construye personalmente cada elemento de su obra. El Siglo XX ha producido una desvaloración  de la mano del artista. Alessandro, en cambio, trabaja exclusivamente de manera autónoma, no por una  actitud contraria y esnobista, sino por una necesidad personal: el "trabajo" necesario al "nacimiento" de  cada una de sus obras. "Las manos se ensucian y se hieren mientras el alma se regocija".

Su destreza parte y se estructura de la práctica del dibujo, una pasión que cultiva de hace décadas. En lo  específico los proyectos de estas "esculturas científicas" se dibujan con escuadras y reglas en papel  milimetrado. La previsualización del trabajo supone más que la realización misma. La sinergia de estas  herramientas anacrónicas y la lentitud de su utilización proyectan al artista hacia un estado de absoluta  concentración.

Muchas de sus obras tienen nombre de psicofármacos, otro elemento que lo une a la medicina. Como
afirma el artista, con ciertos trabajos se crea una empatía estrepitosa, en ocasiones suscitan sonrisas, otras
veces llevan a un estado catatónico. Los títulos son una consecuencia imprescindible: antidepresivos para
la primera circunstancia, ansiolíticos e hipnóticos para la segunda. Una especie de referencia
schopenhaueriana a la finalidad de la estética: la liberación de la rutina diaria y de las contingencias
personales.

Son obras vivas y en constante cambio, nunca iguales a sí mismas. Tener cuidado de estas obras significa  poner en marcha cada vez su magia en primera persona y volver momentáneamente al niño curioso e  estupefacto que juega al pequeño químico.

 

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