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HISTORIA

Vicente Blasco Ibáñez, el temible editor que robaba ideas y maldecía

CARLOS AIMEUR. 25/03/2014 El epistolario con Francisco Sempere, hallado por casualidad, muestra su "severa alma de empresario", con robo de ideas de Francia e insultos a sus editores 

VALENCIA. Fue una de esas historias con las que suelen comenzar algunas películas. El escritor Miguel Herráez oyó a principios de los noventa que la familia de su mujer, Gloria Ibáñez, guardaba cartas de su bisabuelo, Francisco Sempere Masià (1859-1923), librero, editor de Vicente Blasco Ibáñez, y concejal del Ayuntamiento de Valencia. Las conservaba Consuelo Sempere Azzati, descendiente del editor y también del principal colaborador de Blasco, el periodista Félix Azzati.

Herráez, catedrático de Literatura Española de la Universidad CEU Cardenal Herrera en Valencia, se acercó a por esas cartas y descubrió que las mismas las había escrito el propio Blasco, que lo que Miguel Herráez.atesoraban eran las respuestas del novelista a cartas de Sempere, sus indicaciones y apuntes sobre sus libros o proyectos en común. También encontró un guión inédito de Flor de mayo, que nunca se rodó.

Herráez y su mujer comenzaron a transcribir las cartas. Papeles con más de cien años de antigüedad, de diferentes formatos, en ocasiones postales, en otras, hojas de hoteles. Y tras eso, ordenarlo todo, darle un sentido. Barajaron organizarlas por temáticas. Desistieron. Optaron por ordenarlas cronológicamente. ¿Y qué es lo que se encontraron? A un Blasco Ibáñez descarnado. Puro. Auténtico. El mejor retrato humano del novelista.

Con una obsesión clara, su editorial. "No hay carta en la que no se vea que está preocupado por ella. En ocasiones son mensajes muy breves, en los que se percibe que es una persona que dedica muchas de sus energías a ella", comenta Herráez. Algo que ha hecho que le tenga una mayor simpatía al novelista.

Querido Paco:

Acabo de recibir las 5.000 ptas. Muy bien.
Me jode lo que me dice de ese vaina de Pastor.
(...)
Para colmo, ahora resulta que el maricón jesuita de
[Saturnino] Calleja va a imitarme publicando sus novelas en esa misma forma y al mismo precio. Otros dicen que más baratas, aun a 30 cént. Allá veremos. Aquí no se puede hacer nada nuevo.

Hace dos semanas se dio a conocer la tesis de la profesora de Traducción Especializada de la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla Inmaculada Serón, quien ha descubierto que Blasco se inventó un pseudónimo con el que firmó traducciones plagiadas. Un hecho que a Herráez no le extraña de por sí. "El concepto de autor es muy del siglo XX", comentaba este lunes en su domicilio. No digamos ya para las traducciones. "Todo el mundo lo hacía. Nadie traducía del ruso, por ejemplo, sino que se traducían obras ya traducidas a idiomas más accesibles como el francés o el inglés", explica. Y el tema de los derechos no era algo que se tuviera muy en cuenta entonces.

En el trabajo de Serón ha tenido un papel relevante el epistolario que editó Herráez, que fue publicado en 1999 por el Consell Valencià de Cultura y que se ha convertido en una mina de hallazgos para los historiadores. Aunque era harto conocida su implicación en todos los procesos empresariales de su editorial, Prometeo, las misivas que le mandó a Sempere y que con tanto celo guardó la familia del editor muestran a un Blasco agresivo, violento, brillante, imaginativo. O como dice Herráez, se ve su "severa alma de empresario".

Blasco lo discute todo, lo puntualiza todo, lo observa todo, hasta el más mínimo detalle. Su meticulosidad es digna de leyendas del perfeccionismo como el cineasta Stanley Kubrick del que relataban amigos suyos como Michael Herr que medía el tamaño de los anuncios. Blasco critica hasta el empleo de un artículo en un pie de foto. Y con maneras dignas de empresas más intensas.

Querido Llorca [socio de Sempere]:

Se enfadará Ud. Lo que quiera pero no me importa. (...)
Después de no haber querido mirar ni el 1º ni el 2º ni el 3º cuaderno, abro el 4º confiando que irían mejor las cosas y enseguida me encuentro lo siguiente:
Pág. 103, capítulo sobre el Luxemburgo.
"Esa parte del ducado"
No, ¡me cago en Dios!; no es esa; es una y en el original dice así; estoy segu
ro

DEL "MIS NEGOCIOS VAN BIEN" AL PRÉSTAMO DE 600.000 PESETAS

Las cartas abarcan un periodo que van desde 1901 a 1917, y tienen especial relevancia durante su estancia en Francia. Así, en los primeros años del siglo XX Blasco no está tan acuciado por la necesidad de dinero. Su aventura en Argentina de la que habla ilusionado en 1912 ("mis negocios marchan bien", escribe) le conllevará con el tiempo grandes deudas ("ahora estoy acabando una hipoteca o empréstito sobre dichas tierras de 250.000 pesos, o sea más de 600.000 ptas").

Desesperado por los problemas económicos, Blasco marcha a Francia, a París, para intentar convertirse en autor de éxito. Tiene ideas y quiere aprovechar su fama internacional. Durante su estancia allí estalla la I Guerra Mundial. Para Blasco, que se encuentra en una situación límite se convierte en una oportunidad de oro.

"Crea que si estuviese solo en el mundo ya me habría suprimido.
Estoy muy cansado de luchar".
(...)
"No puedo seguir así. Ustedes viven seguramente mejor que yo, pues yo hasta economizo en la comida, y algunas noches al acostarme siento hambre".

Su primera idea es mandar reportajes de guerra a los grandes periódicos, adelantándose en el tiempo a lo que haría Ernest Hemingway durante la Guerra Civil, pero pronto a Blasco le sale el alma empresarial que lleva dentro y comienza a plantearse la posibilidad de realizar una gran apuesta editorial: una Historia de la Guerra para los lectores españoles.

Aunque la ocurrencia no es tal. Realmente Blasco ‘roba' la idea de un proyecto editorial que ha escuchado en Francia, una Historia Ilustrada de la Guerra de 1914 que ha comenzado a redactar Gabriel Hanotaux. Un proyecto del que recela el escritor valenciano ("va a ser un lata diplomática") pero al que no cesa de citar, y que será su gran referente a la hora de trabajar. O al menos eso es lo que se puede deducir de sus cartas, que escribe compulsivamente, durante meses a diario.

No es la primera vez que Blasco ‘roba' ideas editoriales de Francia.

"Querido Llorca: Por este correo le remito en paquete certificado un ‘Pequeño diccionario ortográfico' que se ha publicado aquí y se vende mucho.
Yo creo que si hiciésemos un librito aquí encuadernado como este y que podía venderse igualmente a 1 pta 25 cént., tendría gran éxito".

Pero en este caso, el proyecto, que se acabará titulando Historia de la Guerra Europea, le obligará a un constante intercambio de misivas con Valencia. A más de 1.500 kilómetros de su ciudad natal, Blasco se ve impelido a comentarlo y negociarlo todo por epístola. Y esa circunstancia es la que ha permitido que llegue hasta hoy un retrato fidedigno de cómo era trabajar con el autor de La Barraca.

En estas cartas Blasco anticipa proyectos como el de la novela que le consagrará internacionalmente, Los cuatro jinetes del Apocalipsis, relata sus encuentros con el presidente de la República Francesa Raymond Poincaré, y se muestra tal y como es, en su plenitud, puro Blasco, con faltas de ortografías monumentales ('orijinal', 'vijile', 'hay' por 'ahí', construcciones como 'voy ha hacer'), y con unos modos y maneras a la hora de tratar aspectos de la redacción de su Historia dignos de taberna.

Sábado.
Paco: Acabo de recibir el cuaderno 12. Son Uds unos imbéciles y les voy a enviar al carajo.

También reparte elogios ("Acabo de recibir el cuaderno. Muy bien. También muy bien las tapas" redacta en mayo de 1915), pero en general la mayoría de las misivas contienen reproches por erratas y gazapos ("les juro que no miraré la obra, y que me cago en ella, y que estoy arrepentido de haberla hecho, para que Uds. la traten así, a estilo de editor de Barcelona, creyendo que el texto es lo de menos") y sobre todo hay menciones a su acuciante situación económica siempre en tono muy dramático: "Mi mujer me escribe pidiéndome lo de las 500 ptas. Sé que las necesita realmente", dice en febrero de 1915.

¿EL INVENTOR DEL TÉRMINO GUERRA MUNDIAL? 

También sorprende la perspicacia del valenciano. Así, el 19 de octubre de 1914, a los pocos meses de haberse iniciado la guerra, Blasco comenta que no sabe cómo titular la obra sobre el conflicto y plantea bautizarla como guerra mundial. Posiblemente sea la primera alusión al conflicto de 1914 de esa manera. Para el autor de Sangre y arena, es algo evidente. "Es mundial porque abarca Asia (Japón), las posesiones de África; y además los barcos se pegan en todos los mares. Yo creo que va mejor Mundial".

Para Herráez, la imagen que se extrae de estas cartas es la de un Blasco que aúna dos facetas, la de escritor y editor a un tiempo. "Tiene una estrategia mercantil avanzada para la época", apunta. Blasco planifica tiradas, publicidades, ilustraciones, dice de dónde se pueden obtener grabados, firma acuerdos y hasta dice cómo se deben encuadernar las obras. "La editorial quien la impulsa y consigue que venda ejemplares por todo el país es él", agrega Herráez.

Un editor que como ha demostrado la reciente investigación de Serón no tuvo reparos en saltarse las prácticas de buenas costumbres. Había que editar. Había que publicar. Había que ganar dinero. Algunas cartas lo dejan bien claro ("Querido Paco: Le escribo con la mayor angustia. Necesito dinero: dinero inmediatamente"). Por eso decía Herráez este lunes que cuando se enteró de la investigación de Serón, no le extrañó lo que le planteaba.

En el fondo ya lo intuía. Lo había entrevisto en las cartas que la tía abuela de su mujer había guardado con tanto esmero. Unas misivas que Blasco escribió por todo el mundo a su socio, amigo y editor, sin ser consciente de que, pasado un siglo, ayudarían a entenderle mejor a él, e incluso aún hoy, quince años después de su publicación, siguen deparando sorpresas y aportando información. Si lo hubiera sabido, seguramente habría cuidado más la ortografía.

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2 comentarios

José Luis Vich escribió
30/03/2014 20:36

Interesante artículo sobre este rasgo desconocido de la personalidad del gran Blasco Ibáñez. A mi, al contrario que al energúmeno lector enfadado que ha publicado el primer comentario, me parece muy acercado mostrar este rasgo, y no creo que vaya desencaminado el autor del artículo porque si de algo nos sirven las cartas de los autores es para conocer su personalidad y apartarnos de la leyenda, que al parecer hace referencia al lector de arriba. Lo cierto es que ahora me han entrado ganas de conocer al completo la obra de este insigne autor valenciano y además complementarlas con la colección de cartas, sólo así podré separar la leyenda de la personalidad. Reciban un cordial saludo.

Javier Lluch escribió
25/03/2014 13:05

La figura de Blasco es excepcional en el devenir de la cultura española, si bien hasta hoy sigue siendo injustamente tratada, como muestra este artículo. Entre sus múltiples facetas, sin duda destaca como editor entre los siglos XIX y XX. Desde el conocimiento de las prácticas editoriales de aquel tiempo, y en virtud de la propia vida de Blasco, considero inadmisible este artículo cuyo título recoge voces como “temible”, “robaba”, “maldecía...”. Y es que muy matizable es la praxis (robo, copia…) que se apunta. ¿Por qué no se dice que los franceses también plagiaban ediciones españolas y las vendían en América? ¿Por qué no se destaca la relevante socialización de la cultura que el Blasco editor procuró desde su juventud, en varias etapas? ¿Por qué no se valora su presencia como editor no solo en España sino en países como Argentina? ¿Por qué no se contextualiza la labor de Blasco cuando el campo editorial jugaba con otras estrategias? ¿Por qué se dice que “copió” una idea francesa cuando llegó la Gran Guerra? ¿Por qué no se da cuenta de su labor en pro de la información y de la defensa de Francia? ¿Quería ganar dinero? Claro, como todo editor. ¿Por qué no se enfatiza el hecho de que sea uno de los pocos autores que llegó a ser un superventas en los EEUU a principios del XX? (Fue el primero, de tres.) Entre el ocio y el negocio, como cualquier editor, Blasco ocupa un papel que no merece esta serie de descalificativos. El epistolario con Sempere se conoce desde 1999, y así quienes investigamos y admiramos su figura lamentamos estos ataques, que evidencian desconocer la praxis del editor por entonces. Además, Blasco, como autor-editor, es una figura paradigmática, una rara avis. Valga apuntar, pues, que este artículo como otro en el cual se le tacha de plagiador, no responden a la verdad de los hechos.

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