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OPINIÓN

Startups: Se precisan equipos motivados y dispuestos a conquistar el mundo

MIGUEL ÁNGEL RODA. 17/03/2014



VALENCIA. ¿Has salido a correr hoy? Si la contestación es negativa, te invito a que dejes de leer este artículo y vayas a ponerte las zapatillas de deporte. No importa si tú, amigo lector, eres empresario o empleado; aquello del 'mens sana in corpore sano' es válido para cualquier persona, independientemente de su condición. Entre otras cosas, porque hasta eso, la condición, es algo que podemos cambiar con el suficiente empeño y actitud ante la vida. Aunque pensándolo bien, si quieres, puedes regalarme un par de minutos de tu tiempo y leer lo que voy a contarte con total humildad. Tal vez después de hacerlo, encuentres las ganas para salir a sudar el día y reflexionar sobre lo que quiero decirte.

Pero antes de nada, déjame empezar pidiéndote disculpas. Se supone que esta columna debe versar sobre eso que llaman 'Recursos Humanos' y que tan bien queda en cargos, simposios y titulaciones. Sin embargo, me niego a sumarme a tildar de "recurso" a algo tan valioso como las personas. Me niego a des-humanizar algo que, precisamente, va de eso, de humanos, de seres humanos y, por tanto, de personas como tú y como yo. Así que con tu permiso, déjame que te cuente una historia de personas.

El hecho de que antes de ser cura fui monaguillo y antes de empresario trabajador por cuenta ajena, me da la suficiente perspectiva para diferenciar entre aquello que debe ser tomado como un mero recurso y lo que debe valorarse como pieza vital de cualquier organización de personas que, en definitiva, es lo que supone constituir cualquier empresa.

Hace ya casi veinte años, fundé, creé y parí una empresa -una startup que tan bien suena hoy, pero que no es más que un negocio, como se le ha llamado toda la vida- que se convirtió, tras doce años de durísimo trabajo -¡qué novedad, otro forofo de la cultura del esfuerzo!-, en un gran grupo de organizaciones dedicado a los manidos recursos humanos, quiero decir, claro está, a la relación entre personas.

De ahí mi estigma de experto en este asunto, cuando realmente sólo consigo identificarme a mí mismo como gestor de un magnifico equipo que supo alinear sus objetivos para llegar a una meta común y compartida. En este sentido, corría el año 1996 cuando escribí que Activa, como se llama la compañía que fundé, "siempre sería una empresa de personas para personas" y así continuó siendo incluso cuando llegamos a ser cerca de 3.000 empleados. Y funcionó, entre otras cosas, porque un día me comprometí a ponerlo por escrito para poder revisarlo diariamente y para mostrarlo a quien se incorporara a la organización. Tener las cosas por escrito ayuda a comprometerte con ellas.

Ahora han pasado los años y hoy mi situación es otra, aunque no mis principios. Me encuentro muy cercano a los cincuenta. Eso quiere decir que abandoné la Universidad hace aproximadamente veinticinco años y por más que pasa el tiempo, no recuerdo haber recibido ni un minuto de clase dedicado a la gestión de las personas en aquella ilustre institución. Tampoco en la prestigiosa escuela de negocios de Madrid donde realicé el MBA posterior. Sí, claro que hablaban de Recursos Humanos, pero en aquellas clases se hablaba de todo menos de humanos, de personas. Y tal vez por eso empecé mi particular batalla en favor de las éstas.

Así que volviendo al estigma que comentaba, lo cierto es que la receta para ser un "experto" en Recursos Humanos es la misma que para ser un experto en casi cualquier otra vertiente de la vida. Se llama 'sentido común' aunque, como ya sabes, desafortunadamente suele ser 'el menos común de los sentidos'.

Este sentido común es válido tanto para un emprendedor tipo (joven con no mucho más de 30 años, una magnífica idea y disposición a morir por llevarla del business plan a la cruda realidad) que quiere saber dirigir a un grupo de compañeros e incluso, antes de eso, tener la capacidad de elegir a sus socios, como para un pequeño o mediano empresario. En definitiva, aquí se trata de ponerle muchas ganas y convencer a los empleados que se encuentran en la mejor empresa del planeta, porque si él lo cree así, hará todo lo posible para que cualquier contacto que tenga con la sociedad, principalmente con sus clientes, sea excelente.

Y un empleado motivado, contento con su quehacer diario, satisfecho, es la mejor imagen de una empresa ejemplar, sin duda. Os lo aseguro. En las batallas comerciales diarias las personas de Activa se batían en duelo con cualquiera que osara retarles. ¡Y ganaban siempre! Por eso les estaré eternamente agradecido.

Si además del sentido común, trabajas por desarrollar las "Tres Haches" (Humildad, Honestidad y Hambre -ambición-), tienes mucho camino avanzado para alcanzar tus metas. Ahora sólo te falta ser capaz de comunicar tus valores, tus creencias y conseguir a gente que comulgue con ellas. Con esto, te auguro por lo menos la oportunidad del intento, el beneficio de la duda.

Todas las demás aptitudes se pueden adquirir vía una formación adaptada a tus expectativas, junto a la convivencia con gente que te lleve años de ventaja en este difícil y tortuoso camino hacia el éxito. El camino se hará al andar y tan sólo tienes que seguir aplicando la razón y pensar en lo que desearías que hicieran contigo para medir tus acciones. Exigir cuando corresponda. Reconocer y reconocerte los buenos resultados, para acompañarlos con la compensación económica justa y la recompensa emocional adecuada.

El grupo multinacional belga que compró mi empresa en 2007 desconocía ese impreso en el que figuraba por escrito mi compromiso y ellos sí que aceptaron ser una empresa de "Recursos Humanos" en lugar de una organización de personas. Por eso, no hizo falta mucho para ver cómo la empresa se hundía tras sólo tres años siguiendo un decálogo de malas prácticas.

Por suerte en mi día a día, hoy cómo business angel -otro de esos términos de moda que no quiere decir más que inversor privado-, tengo la suerte de poder seguir predicando mi convicción a aquellos que hoy son el brote -verde, por cierto- de lo que serán las sequoias de nuestro entramado empresarial futuro. Y esta reflexión se hace cada vez más relevante, en un mundo empresarial en el que la capacidad de ejecución gana peso frente a la propia idea y para llegar a ese nivel de ejecución, se precisan de equipos motivados y dispuestos a conquistar el mundo.

Por eso, cuando me encuentro con gente -y desgraciadamente no poca- que no quiere contarte su idea por miedo a que se les copie o, peor aún, con científicos que no son capaces de dejarse acompañar de un modelo de gestión que abarque la política comercial, de marketing, de recursos humanos (ya sabes a lo que me refiero...), gerencia, etc., a todos ellos les deseo lo mejor, pero les invito a dejar de contar conmigo. Porque para mí, la persona siempre será lo primero y personas que desconfían de los demás, no auguran buen futuro para lo que yo entiendo por empresa y por éxito.

Así que, por concluir y dejarte tiempo para que vayas a buscar tus zapatillas, sólo me gustaría decirte que nada de esto tiene sentido si, al sonar tu despertador, odias tener que llegar al trabajo donde al menos pasarás 8 horas de tu jornada. Si es así, antes que trabajar tu sentido común, antes de poner nada por escrito y antes incluso de acabarte el café de la mañana, cambia de trabajo o vende tu empresa.

Porque dado que es inevitable la obligación de obtener dinero para vivir y la mejor vía es adquirirlo mediante el trabajo honrado y diario, cuanto menos debes intentar por todos los medios que ese sea el trabajo de tu vida, la empresa de tu vida. Hay mil opciones, aquí y al otro lado del planeta. Así que busca con anhelo tu mejor puesto, dirigiendo o siendo dirigido, pero feliz y apasionado, por favor. Entonces y sólo entonces, llega el momento de todo lo demás. Pero ahora, ya sabes, sal a correr. Tu mente te lo agradecerá y estarás preparando tu cuerpo para la batalla diaria de emprender, de dirigir, de soñar, de vivir y de llegar cada día más lejos. Porque de eso van los recursos humanos, amigo. De vivir, de soñar y de poner y ponerse metas lejanas, para caminar en la senda de la felicidad, que es de lo más común que compartimos todos los humanos.

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Miguel Ángel Roda

Business Angel

 

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1 comentario

VicenteBou.com escribió
17/03/2014 10:02

Hola Miguel Ángel! Al llegar al 4º párrafo la intuición me ha dicho que podías ser tú y el saltar página abajo me lo ha confirmado. Recuerdo con buenas sensaciones aquella segmentación de mercado que os desarrollamos hace 10 años. ¡Qué lástima que los belgas no dieran continuidad también a los activos intangibles, los culturales! Me gusta tu oposición al reduccionista concepto RRHH. Las personas no somos máquinas, ni animales ni simple mano de obra. Sin embargo no creo que el sentido común rudimentario ayude a convivir con nuestra naturaleza humana: el palo y la zanahoria –que es el criterio más común- sirven con un animal, pero con las personas se pueden emplear métodos mucho más efectivos y duraderos -pero generalmente desconocidos por la sociedad-. Los pocos que han comprendido la naturaleza de las personas están creando escuelas, empresas y organizaciones muy muy muy diferentes, que por lógica (racionalidad, comprensión del fenómeno humano) serán las imperantes en este siglo XXI. Tampoco el sentido común es buen consejero para el asunto de la felicidad que mencionas en los últimos párrafos. Como ya me estoy extendiendo, lo dejamos para otro día, ok? Slds, Vicente Bou

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