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XXVIII EDICIÓN DE LOS PREMIOS GOYA

Premios Goya 2014: La fiesta de los rufianes

MANUEL DE LA FUENTE. 09/02/2014 La industria española del cine celebra su fiesta a espaldas de resultados en taquilla y desprestigio a través de la política cultural, cuyo máximo representante, el Ministro Wert, no acudirá a la gala

VALENCIA. Hace unos días, la Fundación AISGE, Sociedad de Gestión de Actores e Intérpretes, publicó un informe sobre la situación del sector audiovisual. Los resultados que se dieron a conocer son demoledores: el dato más llamativo del informe indica que el 73% de los actores españoles no pueden vivir de su trabajo. Se trata, sin duda, de un dato vergonzoso que demuestra la pésima gestión de la cultura por parte del gobierno: aún hay un 27% de actores que sí pueden vivir de su trabajo.

El resto de los resultados del informe siguen por esa línea: el 55% de los trabajadores del sector ganan menos del salario mínimo, las jornadas laborales suelen exceder la duración máxima, el 44% de los artistas jubilados necesitan de los complementos de las fundaciones para llegar a fin de mes, y se está viviendo una aceleración en la precariedad laboral gracias a las condiciones impuestas por las productoras televisivas y cinematográficas. Ninguno de estos porcentajes llega al 100%, de modo que el Partido Popular aún tiene trabajo por hacer hasta llegar a la aniquilación total de la industria del cine y de la cultura.

Porque ya sabemos cómo se las gastan éstos del mundillo del audiovisual y del cine, aquí y en todas partes. Es fácil imaginarse a Woody Allen y Roman Polanski organizando orgías conjuntas de drogas y sexo con menores. O a todos los actores de la historia del cine, desde Fatty Arbuckle hasta Philip Seymour Hoffman, dándole a su adicción a la heroína entre toma y toma.

La farándula y el espectáculo sólo traen vicio y perdición. Eso es algo que no se puede consentir, como bien ha entendido Martin Scorsese en su última película: el vicio y la diversión quedan reservados para los que manejan el cotarro en Wall Street y en la alta política, y no está nada bien que el lumpen también tenga acceso a ello. Nadie quiere que a Pablo Iglesias le dé un ataque de furia y se ponga a dar patadas a lo Jean-Claude Van Damme.

Para rizar el rizo, la industria del cine de España sigue organizando su fiesta de desenfreno, la ceremonia de los premios Goya. Como se sabe, es la fiesta que montan todos los años Antonio Banderas, Javier Bardem, Pilar Bardem y Willy Toledo para seguir recibiendo subvenciones en un país, España, en el que predomina la iniciativa empresarial, en el que a nadie se le ocurriría pedir dinero público. Un país en el que los políticos no se dejan corromper porque la ciudadanía está alerta, dispuesta siempre a castigar cualquier euro que desvíe sin justificación.

Los actores y directores no quieren entender las directrices del gobierno de Rajoy: tendrían que hacer películas sobre la recuperación económica, sobre lo bien que va España en los últimos meses y sobre el futuro tan prometedor que se presenta, un futuro sin paro y sin clínicas abortistas. Por el contrario, los del cine siguen empeñados en ir a la suya haciendo películas sobre seres marginales, perdedores, personas anónimas que ni emprenden, ni roban, ni se dedican a la política ni nada. Las principales películas que compiten en los Goya de este año son la mejor prueba de este despropósito.

En primer lugar, tenemos La herida, la primera cinta dirigida por Fernando Franco. La protagonista es Ana, una enfermera con trastorno límite de la personalidad a la que vemos en su día a día: su relación con su novio, con sus compañeros de trabajo y con sus pacientes. En lugar de hacer una película bonita con gente riendo y yendo a misa, vemos las penurias de la protagonista, que sufre sin ser consciente de su problema. Además, la película sigue la estela de un cine de personajes cotidianos, de películas como La soledad o la obra de directores como Lodge Kerrigan, según ha reconocido el propio realizador. Para colmo, al principio de la historia vemos en el hospital de Ana a los trabajadores protestando por la privatización de la sanidad. Opta a 6 premios, incluyendo la mejor película y la mejor dirección novel.

Nos encontramos también con 15 años y un día (7 nominaciones), la película que Gracia Querejeta le ha dedicado a su padre fallecido el año pasado, Elías Querejeta, uno de los más importantes productores del cine español contemporáneo. El film tiene un arranque prometedor: Margo (Maribel Verdú) es una actriz de televisión que hace películas y series para pasar el rato, porque tiene la vida resuelta. Como todo actor de nuestro cine, vive a lo grande y con todas las comodidades, montando fiestas de desfase hasta las tantas. Pero un día, su hijo mata al perro del vecino y éste tiene que huir al pueblo de su abuelo, donde se relaciona con la gentuza, con los chicos malos del barrio. De nuevo, una historia muy poco edificante, nada ideal para los cinefórum de los grupos de fe.

Como estos del cine se mueven por sagas, nos vamos de la saga Querejeta a la saga Trueba. David presenta (con 7 candidaturas) Vivir es fácil con los ojos cerrados, donde nos dice algo que cualquier ministro de Rajoy sabe que es mentira: que España durante el franquismo era un país tercermundista y que los Beatles eran unos músicos maravillosos. Antonio (Javier Cámara) es un profesor de inglés que va a visitar a John Lennon en los años 60, aprovechando una visita del cantante para rodar una película. El viaje sirve para presentarnos un país que da pena, y de nuevo tenemos a un pobre hombre como protagonista, en lugar de esos héroes fornidos y guaperas del cine norteamericano.

Pero ya el remate llega con Caníbal (8 nominaciones), que trata de un sastre antropófago que vive en Granada. Para conseguir la carne, se dedica a matar a chicas hasta que un día se enamora de una y se ve incapaz de comérsela (en todos los sentidos). El tipo se muestra como un vecino más, una persona muy respetada que tiene a personalidades importantes entre sus clientes, pero que luego es un asesino y una mala bestia. Esto podría haber dado para una película con acción, estilo El silencio de los corderos, pero ni eso: todo transcurre como la vida monótona del protagonista, como el invierno granadino.

Luego tenemos a más veteranos, ésos que se han apuntado ya a las subvenciones vitalicias, como Álex de la Iglesia, que sigue desmadrado con Las brujas de Zugarramurdi (10 nominaciones), o las comedietas como La gran familia española (11 nominaciones) o Tres bodas de más (7 nominaciones). Por no olvidar la puñalada que siempre le propina el cine español a Pedro Almodóvar: su película Los amantes pasajeros sólo está nominada al diseño de vestuario.

Ahora llega el momento de ver si se cumplen las porras y las apuestas de los medios de comunicación mientras hablan de "la cosecha" del cine español de 2013, como si las películas fueran vinos. Estas apuestas no son más que pasatiempos para distraer a la gente, porque los premios (en los Goya y los Óscar) nunca dependen de la calidad de las películas, sino de los acuerdos políticos y económicos de producción y distribución. Pero nada cuesta soñar con adivinar una porra imposible, igual que les cuesta muy poco a Mariano Rajoy, José Ignacio Wert -que no asistirá a la gala pese a su cargo como Ministro de Cultura- y Cristóbal Montoro soñar con un país sin cine español y sin protestas incómodas, un país en el que los informes de las fundaciones de actores sean certificados de defunción.

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4 comentarios

Jose Luis escribió
10/02/2014 20:02

Los de este gremio del cine son increíbles, son incapaces de vivir sin la subvención, se montan una fiestecita pijo progre que no veas, la tv les presta su cobertura para que les tengamos que oír sus opiniones políticas que ya me dirás al resto lo que nos importan, eso si todos con modelitos de lo mas, y para postre Bardem a lo suyo, eso si, el pagar aquí no paga un duro. ¡yo tambien quiero subvención y fiesta!. Pero nada de nada, yo a currarmelo todo.

Luisao escribió
10/02/2014 13:45

Criterio para elaborar un "censo de actores" por favor?

Lluís escribió
09/02/2014 20:37

Cualquiera diría que los únicos problemas del cine español son la crisis y la subida del IVA. Pero también tendrían que preguntarse si una parte del problema no lo son también la falta de talento y algunos esperpentos que se perpetran, porque por más etiquetas de "social", "compromiso" o "arte y ensayo" que se pongan, son unos bodrios infumables que no tienen salida ni siquiera en el emule. Aquí, igual que en todas partes, la mayoría de la gente ve películas para entretenerse o para evadirse, los que aprecian las sesudas reflexiones sobre la realidad han sido siempre cuatro gatos. Y a algunas películas ni siquiera se les puede considerar eso, no son más que las cuatro chorradas que han ideado un par de flipados y que sólo consiguen llegar a postproducción gracias a las subvenciones, que más de un "empresario" del sector lo único que busca es eso, la rentabilidad la consigue gracias a las arcas públicas y si suena la flauta ya aguanta una semana en cartelera, mejor que mejor; con el tiempo, igual las puede vender a precio de saldo a una cadena de TV local, y todo eso que saca de más. Si, la mayoría de los actores no consiguen vivir de su trabajo. Igual que en otros países, incluídos los EEUU, que no todos tienen una mansión en Malibú, muchos actorcillos y aspirantes malviven sirviendo hamburguesas mientras esperan su oportunidad. Y me temo que, a día de hoy, muchos españoles no consiguen vivir de su trabajo ni de ningún otro. Que lloren menos y trabajen más. Y si tan buenos son, que crucen el charco, seguro que no tendrán problemas. Alguno lo ha logrado e incluso ha conseguido que se le reconozca fuera de aquí, sin necesidad de recurrir a algo tan lamentable como son los Goyas, que dan vergüenza.

CARMEN MARTINEZ escribió
09/02/2014 19:07

Este artículo me parecería muy bueno por la cantidad de datos que aporta si no estuviera escrito con el matiz de ironía y sarcasmo que lo han escrito.NO puede entenderlo cualquiera que lo lea y eso está muy mal. Un artículo periodístico debe ser escrito para que lo lean el "lento" y el "rápido". Con lenguaje sin dobleces, mas claro, menos ambigüo. Para ese tipo de escritura tenemos los ensayos.De todas formas, gracias.

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