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EL LENGUAJE DEL CINE

La gran estafa de Walt Disney

MANUEL DE LA FUENTE. 31/01/2014

VALENCIA. Walt Disney odiaba a los comunistas. Los odiaba con todas sus fuerzas y consideraba que eran los responsables de todos los males de la sociedad occidental. Estaba convencido de que eran una amenaza real para su país y que lo que tenía que hacer el gobierno de Estados Unidos, una vez acabada la Segunda Guerra Mundial, era acometer una profunda depuración ideológica en todos los órdenes y estamentos, empezando por la industria del cine. Los comunistas eran los responsables de las huelgas que padecían los estudios cinematográficos, también el suyo, que impedían a los emprendedores estadounidenses de verdad seguir forrándose a costa de los demás.

De hecho, en la cosmovisión de Disney existían dos clases de individuos: los norteamericanos puros y los comunistas. Durante su carrera, fue implacable en la aplicación de esta ideología y en 1947, en su comparecencia ante el Comité de Actividades Antiamericanas, declaró que estaba convencido de que todos sus empleados eran "estadounidenses al 100%". 

Al margen de sus logros empresariales, hubo una cosa en la que Disney fue especialmente bueno: la destrucción de pruebas. Le gustó cultivar su imagen de señor afable que recibe a todos los niños con los brazos abiertos para camuflar su verdadera ideología ultrarreaccionaria bajo la etiqueta de "norteamericano". Por el camino fue borrando todo rastro que evidenciara su perfil y sus maneras de gestor.

Sin embargo, algo ha permanecido, como el hecho de que se sepa que fue Ub Iwerks quien creó a Mickey Mouse y quien dibujó las primeras películas animadas del ratón (Planet Crazy, Steambot Willie y Gallopin' Gaucho). Disney se limitó a doblar al ratón con voz de falsete (porque el dinero lo conseguía su hermano, Roy Disney) y a robarle a Iwerks la propiedad del ratón y los beneficios. Por no hablar de la guerra sucia que emprendió en los años 30 con los hermanos Fleischer (los creadores de Betty Boop) por el monopolio del cine de animación.

Las pruebas más contundentes de quién era Walt Disney quedan en esa declaración ante el Congreso estadounidense para cazar comunistas y en sus películas. Como buen emprendedor, Disney contó siempre con los favores políticos para deshacerse de la competencia, de los sindicatos y de quien osara ponerse en su camino. A cambio, se convirtió en el gran propagandista oficial del "American way of life". Sus películas institucionalizaron la idea de que la sociedad estaba llena de príncipes azules y hadas madrinas encargados de recompensar las penurias que hay que soportar estoicamente para llegar a un futuro de paz y amor. Es la misma lógica del fundamentalismo cristiano: obedece y sufre, porque tu sacrificio se verá recompensado.

Las películas de Walt Disney expresan sin cesar esta ideología, consiguiendo fijar un esquema social basado en la sumisión y en la ignorancia, en la creencia de que la vida es justa y que el orden político es necesario para el progreso. Así, su cine consiguió infantilizar a la sociedad estadounidense a través de la infantilización de los dibujos animados, instaurando un axioma peligrosísimo: los niños son idiotas. Es volver de nuevo a la base del control religioso: si se estupidiza desde el colegio, se asegura la obediencia a los desmanes de las instituciones en el futuro.

Hollywood tiene mucho que agradecerle a Walt Disney. La película Al encuentro de Mr. Banks es un sincero gesto de agradecimiento a quien más hizo por enriquecer y limpiar de comunistas el principal motor de exportación del "sueño americano", el cine. En el fim, Tom Hanks encarna a Disney, un hombre simpático y persuasivo que está obsesionado con hacer una película de Mary Poppins. La dificultad radica en convencer a su creadora literaria, P. L. Travers, para que le venda los derechos.

Disney despliega todas sus armas de convicción porque Travers se muestra reticente a que conviertan a su personaje en centro de una insulsa y tontorrona película con bailecitos, dibujos y canciones bienintencionadas. Walt incluso la invita a pasar un día en Disneylandia, "el sitio más feliz del mundo", según le dice. Pero Disney no es un emprendedor cualquiera, no es un Sheldon Adelson dispuesto a llevar felicidad en forma de casinos, drogas y prostitución. Él tiene un gran corazón y al final logar llegar al alma de la escritora, apelando a sus emociones para que firme. Atención, spoiler: sí, Disney consigue su fin y se terminó rodando y estrenando la película Mary Poppins.

También llega este fin de semana a las salas La gran estafa americana. Ambientada a finales de los años 70, de nuevo salen aquí las connivencias entre el poder político y una clase empresarial caracterizada por sus actitudes mafiosas. En este caso, tenemos al alcalde de New Jersey que busca inversores para un gran pelotazo urbanístico: la renovación de Atlantic City para que la ciudad se convierta en un reclamo turístico con la legalización del juego.

En este meollo se meten un par de estafadores y un ambicioso agente del FBI dispuesto a desmontar todo el tinglado político. Evidentemente, todo se resuelve con algunas dimisiones de poca monta porque la verdadera corrupción, según nos dice la película, es totalmente invisible e intocable. Atención, otro spoiler: no se llega a destapar del todo la corrupción y no se tambalea el sistema político estadounidense.

Al igual que nos mostraba la serie The Wire (con el personaje del Griego), también en el mundo de la corrupción se ha creado un espejismo: la sensación de que a veces toda la porquería aflora y se van ganando batallas. Pero la película nos muestra que una cosa son los timadores reconocibles, estilo Adelson y su Eurovegas, y otra bien distinta el juego de intereses que se mueve entre bambalinas. Ese juego nunca sale al descubierto. En La gran estafa americana los esfuerzos aislados del policía idealista no llegan ni a rozar la superficie: como mucho, puede inquietar a un alcalde que no es más que una marioneta del intermediario real del verdadero poder, el mafioso que se mueve en las sombras (interpretado por Robert De Niro).

El resultado es que seguimos viviendo en ese mundo Disney, ese mundo en el que creemos que es viable cambiar las cosas con serenidad, diálogo y sometimiento a las normas. Que si nos portamos bien y obedecemos en todo, tendremos nuestro justo premio, seremos felices sin sobresaltos, podremos progresar con nuestro trabajo y los criminales recibirán su merecido. Es un mundo ideal en el que no hay comunistas, ni huelgas, ni manifestaciones: sólo algunos gángsters que, cuando salen a la luz pública, nos regalan su mejor sonrisa.

FICHAS TÉCNICAS

Al encuentro de Mr. Banks (Saving Mr. Banks)

EE.UU., 2013, 125'

Director: John Lee Hancock

Intérpretes: Tom Hanks, Emma Thompson, Colin Farrell, Ruth Wilson, Paul Giamatti

Sinopsis: Walt Disney tiene una obsesión: adaptar al cine el personaje literario Mary Poppins. Está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo, incluso cantar "La Internacional".

 

La gran estafa americana (American Hustle)

EE.UU., 2013, 138'

Director: David O. Russell

Intérpretes: Christian Bale, Amy Adams, Bradley Cooper, Jennifer Lawrence, Robert De Niro

Sinopsis: Un agente del FBI se une con una pareja de estafadores para desmontar las corruptelas de la clase política estadounidense. No lo consiguen porque les falta el apoyo de Pedro J.

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6 comentarios

pau escribió
04/02/2014 00:55

Diga que sí, Harnau, diga que sí

Schwejk escribió
03/02/2014 11:40

Curioso, hay otro artículo sobre la hipocresía de Disney. Ya se sabe la obsesión que actualmente sufre la compañía por los derechos de autor que el padre fundador se pasaba por el arco del triunfo: http://www.eldiario.es/cultura/cine/Bienvenidos-maravilloso-mundo-hipocresia-Disney_0_223628497.html

Javi escribió
03/02/2014 07:47

Que obsesión tienen alguno con perseguir a anticomunistas. Se comunista feliz y utilízalo como argumento para ligar con veinteañeras, pero deja al resto tranquilo. El comunismo, como la suegra, cuanto más lejos mejor, que no han traído nada bueno.

Alfred Doeblin escribió
02/02/2014 22:38

A mí me parece que el mensaje de La gran estafa es bastante menos inocente de lo que se pretende. Piénsenlo bien: el alcalde que apuesta por llenarlo todo de juego, vicio y especulación inmobiliaria es un buen tipo; el timador, pese a ser judío, tiene buen corazón; y el único verdaderamente poco razonable es el poli que quiere cazar corruptos y peces gordos.

Arnau escribió
31/01/2014 13:34

Se dice Estanli y mato miles de miñolles más que hitler

marc escribió
31/01/2014 11:22

es difícil llegar al final de este artículo, porque se ve claro que la persona que lo escribe está muy amargada y sólo reparte resentimiento. Con la expresión "fundamentalismo cristiano" se retrata, no entiende lo que es el cristianismo. Y no sé por qué de repente esta manía con Walt Disney. Igualmente que en Europa la palabra "fascismo" nos revuelve el estómago, en USA lo era la palabra "comunismo". Y, la verdad, tan distantes son ambas posiciones? Hitler fue la quintaesencia del fascismo, pero no olvidemos que Stalin (que mató a la misma cantidad de gente, esas cosas hay que saberlas) lo era del comunismo. Gracias a VP por publicarme este comentario.

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