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Salvemos el capital... salvemos a la capital

DANIEL ALONSO. 16/03/2010

Corría el 9 de Junio de 1999 y un buen amigo mío, un tipo auténtico y de los pocos que aún se visten por los pies en este mundillo financiero, me invitó a ir a Valencia a ver las instalaciones de arroz SOS. De paso fuimos a Mestalla y vimos cómo el Valencia le metía un 6-0 al Madrid en la Copa. Esto para dos buenos atléticos como somos mi amigo y yo cerró un día apoteósico.

Mi amigo ha perdido horas, días, semanas, meses y años, por esta compañía. La verdad es que yo también he perdido horas y me he jugado bastante dinero mío, de familiares, amigos y de algún cliente cuando esta empresa comenzaba a cotizar.

Invertía, en realidad, en una historia de crecimiento, visible y con gente emprendedora. Recuerdo como ayudamos a entrar a algún inversor extranjero respetable y honorable en la compañía. Ganamos dinero con SOS pero reconozco que abandonamos la historia sin dar demasiadas explicaciones a mi amigo. A él ya le recibían en todas las casas de bolsa y nosotros ya no le hacíamos tanta falta, así que me marché silenciosamente y con la conciencia muy tranquila.

Luego llegaría el glamour de la city madrileña. Los cuellos de camisa altos y los nudos de corbata anchos, la alegría nocturna en el Madrid más rancio e insípido, en definitiva, esa economía de amiguetes de principios de siglo XXI. Por cierto, qué distinto este Madrid al de principios de siglo XX, el Madrid de D. Ramón María del Valle-Inclán y sus 'Luces de bohemia', de los cafés, de las tertulias. En conclusión, de la fusión de las dos mejores generaciones de literatos nacionales.

Pues bien, volviendo a la economía de amiguetes madrileños, los famosos hermanos Salazar se encargarían de reunir a la plana mayor de la gran urbe en torno a nuestro oro negro nacional, el aceite de oliva. Todos querían estar al lado de este enorme magnate, esos magnates que aparecían como triunfadores en algunos buenos libros de la época como fueron 'Dinero fresco' y alguno más, de este orden, que mostraban los patrimonios y todas las nuevas historias de éxito de este país sin ningún reparo. Una exhibición de grandeza y éxito que apabullaba al resto de los ciudadanos españoles.

Hace unos pocos meses SOS quebró. Es decir, la caja no aguantó más los avatares y las embestidas de los principales directivos de la compañía mientras que algunos de los accionistas más fieles de la compañía veían impotentes cómo su patrimonio personal se derrumbaba.

Toda una historia de crecimiento real. Tan real como que el sector de la alimentación español, principalmente el aceite y los cítricos valencianos, han sido históricamente las únicas exportaciones efectivas de este país. Aunque también han sido el sector peor tratado. Históricamente se gravaban a estos productos el 0,50% de sus ventas totales y se les aplicaba el catastro de manera adicional.

Pues bien, durante el último tercio del siglo pasado la situación para el aceite llegaría a ser más dramática si cabe. Durante este periodo seguíamos siendo el gran productor de aceite, mientras observábamos, atónitos, cómo los italianos lo embotellaban y comercializaban con unos márgenes abusivos.

A finales de la década de los años 90, SOS comenzaría a invertir esta tendencia. El aceite comenzaba a ser vendido por los propios españoles y se empezaba a distribuir por todo el mundo. Sin embargo, la obligación para estos nuevos multimillonarios era la de medrar, crecer y aparentar. ¿Cómo se podía seguir creciendo? ¿cómo podían llegar a dar el salto a los mercados internacionales?.

Había que salir en el Forbes ya que ser popular en el foro capitalino no era suficiente. Se podía ser popular en la gran manzana. Así que si la pasta gansa la había dado la construcción, pues allí había que ir. El ciclo estaba maduro pero daba igual, el ciclo tendría, seguro, un hueco más para ellos. Daba igual Cleop, Fadesa, Sacyr o Colonial. Había que estar, aunque fuese tarde. Ellos siempre triunfarían. Pues se acabaron sus sueños y se fueron a la nada. El ciclo expansivo había concluido también para ellos.

El miércoles 10 de marzo pude leer en la prensa que Vicente Sos podría recuperar su empresa de arroz. Me alegró la noticia. El 9 de junio de 1999, gran día para el fútbol valenciano, me presentaron a este buen hombre y la verdad es que me causó una muy buena impresión, él y su empresa. Tecnología puntera y una organización extraordinaria nos hacían ver que estábamos ante una empresa con una proyección extraordinaria que recuperaría las plusvalías de nuestro oro negro.

Ese día llevé a varios inversores y todos reconocieron que el potencial de esta compañía era inmenso. Ganaron también dinero pero hubo otro día que también se lo llevaron. Nadie daba muchas explicaciones, pero aquello se les escapaba de las manos a los terrenales. Era una empresa de otra galaxia.

Sin embargo, hubo una parte que me asustó de la noticia de la entrada del señor Sos y que no me convenció demasiado. Se especulaba o se informaba sobre la aparición de un conocido y prestigioso capital riesgo madrileño que acompañaría al señor Sos en la inmediata adquisición del arroz, y que posiblemente detrás de los mencionados financieros y el empresario valenciano, podrían estar escondidos los mismísimos hermanos Salazar.

En definitiva, desde estas líneas nos gustaría hacer un llamamiento, en general, para salvar nuestro oro negro. Salvemos el capital nacional y salvemos el viejo espíritu de nuestra capital. S.O.S, estamos en peligro. No dilapidemos el patrimonio nacional de esta manera. EÉte es un asunto capital y el aceite es una empresa y un producto estratégico para nosotros.

(Daniel Alonso Parra es director de Desarrollo de Negocio de Nordkapp)
 

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