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EL CABECICUBO

Regresos triunfales a televisión de Belén Esteban y Esperanza Aguirre

ÁLVARO GONZÁLEZ. 23/11/2013 La TDT celebra la semana 'de la entrevista que no conduce a ninguna parte'

MADRID. Ocurrió hace unos años en Radio Marca. Algo estaban debatiendo por la mañana en los tiempos en que el FC Barcelona era el mejor equipo sobre la faz de la tierra y de repente un tertuliano se exaltó. Empezó como loco a preguntar "¿Por qué no hablamos de todo? ¡Vamos a hablar de todo, vamos a hablar de todo! ¿Por qué no hablamos de Qatar?" Súbitamente, el mundo del deporte, el Marca concretamente, que siempre ha mostrado una gran sensibilidad por los problemas sociales de nuestro tiempo, introducía en el debate sobre la calidad del fútbol del Barça la cuestión del sufragio femenino en Oriente Medio. Fue de Oscar.

Es lo que tiene la gran cantidad de información propia de esta era. En lugar de más charlas filosóficas que comentar en el salón de casa comiendo uvas semidesnudo, lo que tenemos es más discusión de mercado de abastos con más gritos e incluso más olor a pescado y verdura pocha. La última tournée de Esperanza Aguirre por las televisiones lo ha puesto de manifiesto. ¿Ha llegado alguien a alguna conclusión de algo en las entrevistas que ha dado, a algo novedoso, claro está? Tienen aquí la sección de comentarios para compartirlo. Nosotros, nada.

En Las Mañanas de Cuatro en la bonita fecha del 20 de Noviembre, efeméride de la Revolución Mexicana como todos ustedes saben, Esperanza Aguirre se enfrentó a las preguntas de Jesús Cintora y Pablo Iglesias. Hay que reseñar que la expresidenta de la Comunidad de Madrid se marcó un ‘vamos a hablar de todo' de magnitudes bíblicas cuando contestó a una pregunta con "¿Y Maduro, y Maduro, hablamos de Maduro?". Sin embargo, esto no quita que el presentador y el tertuliano, tal vez por tener el gatillo fácil, no lograran coger en un renuncio o contradicción a Aguirre.

El profesor de la Complutense tuvo un inicio interesante, cuando la comparó a ella y allegados políticos y empresariales con los jerarcas soviéticos que no eran otra cosa que guardianes de lo público que al final lo que hacían era disfrutarlo en exclusiva. El chico lo decía en referencia a que todos los empresarios liberales de la órbita de Aguirre vivían de concesiones públicas.

Y es cierto es que si uno lee la Historia de las democracias populares encuentra muchos parecidos entre los apparatchik de los partidos comunistas, incluso con los de cualquier partido en España que se haya perpetuado en alguna plaza, no necesariamente del PP.

Pero, en cualquier caso, la acusación era tan original y pintoresca que resultó innecesaria porque cualquier político con un poco de cintura podría sortearla. Ese fue el caso. Esperanza Aguirre lo llamó "alegato". A esa y a todas las preguntas de Iglesias y para responderlas le bastaba con poner cara de como si el joven estuviera de cachondeo.

Cuando se llegó a algo de chicha fue cuando se la preguntó por la gestión privada de los servicios públicos. Ahí Esperanza tiró de manual y soltó un propagandístico "si la gestión privada es más eficiente y ahorra dinero es una obligación". Ya saben. No hay alternativa.

Porque la audacia de esta política hay que reconocer que a veces le sirve para salir airosa, pero en otras a base de insistir en sus culebreos llega a la hilaridad. Cuando sacaron el tema de meterle cinco años de cárcel a quienes convoquen un referéndum por la independencia de Cataluña, o consulta ilegal, en términos de esa nueva rama jurídica que parece ser el macarrismo. Esperanza primero dijo que la idea no era suya, que nunca había dicho tal cosa. Entonces se le puso un vídeo de Aznar aseverando que esa ley tendría que volver.

Y ahí Aguirre dijo que estaba de acuerdo, que la ley tendría que volver, pero que ella no decía que había que meter cinco años de cárcel a los convocantes, lo decía la ley. Carajo ¿no es hilarante? En términos de Godwin sería: Hitler en ningún momento quiso aniquilar a los judíos, eso fue cosa de la ley de ‘solución final', a él déjenle en paz y no le toquen los cataplines.

Más adelante Esperanza tachó a Montoro de socialdemócrata por subir los impuestos y aprovechando que el Neretva pasa por Mostar dejó caer que Estrasburgo lo que quiere es que se apliquen las leyes franquistas, de lo que ella se desmarca. No se sabe si porque Franco era también socialdemócrata o porque parece socialdemócrata comparado con ella.

Lo peor fue cuando el presentador dijo que había "estudios" que concluían que una gestión privada de lo público era más cara. Esperanza, por supuesto, contestó que ella tenía otros que decían lo contario. Nadie sacó ninguno y ahí nos quedamos. Como si nada. Era como mirar una partida mus sin saberse las reglas.

Semanas atrás, tuvimos un espectáculo semejante en La Sexta. En el programa El Objetivo de Ana Pastor la periodista se empeñó en buscar alguna fisura en la defensa a ultranza de su inocencia virginal en el Caso Gürtel. Aguirre utilizó unos argumentos que podríamos denominar como ‘modelo tambores de Calanda'. Contó como media docena de veces que había unos concejales en Majadahonda que discutían si vender unos terrenos a subasta o con precio tasado. Lo dijo una y otra vez. Una y otra vez ante la desesperación de la mismísima Pastor. Una y otra vez hasta que las cervicales de los espectadores empezaron a ceder.

La cosa se animó con López Viejo. A Esperanza le molestó que Pastor dijera que era "su mano derecha", porque sólo fue el número 6 en las listas. Y sólo tenemos dos manos y dos pies, en total cuatro, pareció querer decir Aguirre, por lo que no llegaban a seis y ella era inocente. Nunca se enteró de nada de lo que hizo este hombre por mucho que trataran de recordárselo el PSOE e IU cuando lo llevaba en las listas.

Su versión, ahora que han salido a la luz sus trapicheos, era que aquello fue "una traición" a ella. Y el ‘vamos a hablar de todo' inherente a toda salida por la tangente vino en cofre vintage: "Pregúntele a Felipe González". Referencia curiosa porque luego se negó a admitir que se había "enterado por la prensa" de lo de López Viejo. Eso no, ni mucho menos, decía, ¡no me enteré por la prensa! Sólo se enteró después. ¡Ah! Y a Correa tampoco lo conocía en 2005 "ni sabía de su existencia". Sólo conocía a Ignacio González, el de las bolsas al que sí que señaló como su mano derecha. Eso es lo único que sacamos en claro.

LA VUELTA DE BELÉN

Mientras tanto, en Telecinco, se produjo el celebrado regreso de Belén Esteban. Lo hizo acompañada de un nuevo rostro, ya van tres o cuatro por suerte o por desgracia, y con una confesión que nadie esperaba: fue adicta. Lo que no especificó es a qué, aunque sí dejó caer que se ponía antes de salir al plató de ¡Más que baile! Algo que no es tan de extrañar a juzgar por el glamour y el estilo que gastaba el programa.

Lo más relevante de todo esto, al margen de que admitiera que se ha soltado la coleta y ya se atreve con los juguetes sexuales, es que por primera vez en su vida compareció en un plató de televisión con una noticia digna de tal nombre detrás: resulta que ha escrito un libro.

La presentación se hizo en ‘Abre los ojos y mira', el sábado pasado. Comentó que ha utilizado la escritura como terapia y se ha abierto en canal en estas páginas. Boris Izaguirre le ha echado una mano. La parte más enjundiosa es la relativa a la drogadicción. España, a su modo de ver, es un país donde es muy fácil drogarse, más aún en el mundo de la televisión y el de sus amistades, de las que dice que tienen las casas llenas de gramos. Pero no contaban con su astucia. Se encomendó a San Judas y se curó. No volvió a meterse. Así como suena. Literalmente.

Además, en el capítulo que han colgado en la web de Telecinco se puede leer una sentencia curiosa de la Princesa del Pueblo: "Ahora hay por ahí muchos nuevos ricos que toda su puta vida no han sido más que unos muertos de hambre y, de repente, se quieren olvidar de dónde vienen. Ganan cuatro duros, se compran un piso y un coche nuevo, salen en las revistas en una fiesta petarda y ya se creen los marqueses de Ardales. Y encima miran por encima del hombro, los gilipollas"

Visto lo visto, el mismo discurso, con las mismas palabras, en una tertulia política, habría pasado desapercibido.

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