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Poder y honestidad

CRISTÓBAL PAUS MOSCARDÓ. 11/09/2013 "Hay empresas que piden a sus empleados anualmente que firmen una declaración manifestando que no han incumplido su código de valores..."

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VALENCIA. "Todos hemos hecho cosas terribles para sobrevivir, pero no vuelvas a mentirme jamás. Estamos hartos de mentiras". Así le reprende Ed Harris a la chica polaca que se une al grupo de fugados del campo de prisioneros soviético en la película Camino a la libertad. Y algo así debemos pensar los españoles cuando situamos la corrupción como el segundo problema principal que existe actualmente en España, tras el paro, según el último barómetro del CIS.

La ridícula cifra de reducción del desempleo en agosto, el caso Bárcenas y la reciente destrucción del disco duro del ordenador con el que trabajaba durante su empleo en el PP, los ERE de Andalucía, el presunto desvío de fondos de UGT, el incendio de los archivos municipales de Los Palacios y con ello de documentación que podría comprometer en un asunto de malversación de fondos al anterior alcalde socialista Antonio Maestre, perteneciente al núcleo duro de la nueva presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díez, etc., etc., etc. son algunos ejemplos recientes de incontables situaciones en las que la sombra de la sospecha se cierne ominosa.

Incluso durante la exposición de la frustrada candidatura de Madrid para los Juegos Olímpicos de 2020, a la delegación española se le preguntó por el proceso de dopaje conocido como Operación Puerto y la destrucción de las muestras de sangre.

Y aunque Rubalcaba ha propuesto recientemente al PP la creación de una subcomisión parlamentaria para discutir las medidas que conviene poner en marcha a fin de combatir y prevenir la corrupción, no podemos dejar de pensar en lo que ya advertía el diplomático y escritor Diego de Saavedra Fajardo (1584-1648): "Todo el estudio de los políticos se emplea en cubrirle el rostro a la mentira para que parezca verdad, disimulando el engaño y disfrazando los designios", y ello quizá con la esperanza de que al final todo quede en nada y se olvide.

En esta línea John Huston le recordaba a Jack Nicholson en la película Chinatown que "los edificios feos, los políticos y las prostitutas se convierten en respetables si logran vivir muchos años".

En cualquier caso es evidente que la corrupción no es patrimonio nacional, y ni siquiera un asunto exclusivo de la política o de nuestro tiempo. Por ejemplo, el último best seller de Dan Brown, Inferno, se inspira en el imaginario de Dante Alighieri quien ya reservó uno de sus círculos infernales para los pecadores del engaño y el fraude. Allí se encuentran inmersos y embadurnados en una colada de pez negra, tan oscura como sus negocios, mientras sus guardianes los mantienen a raya con afilados garfios.

Y allí seguramente irán también los ciudadanos alemanes que han sido descubiertos intentando repatriar cuantiosas sumas de dinero desde Suiza utilizando artimañas tan curiosas como camuflarlos en pañales de incontinencia o como el anciano de 72 años que escondía 150.000 euros en el corsé de mujer que llevaba puesto.

El psicólogo Dan Ariely en su libro titulado Por qué mentimos, reflexiona sobre las motivaciones que nos llevan a ser honestos o dejar de serlo, y concluye que en cada uno de nosotros conviven un componente racional y un componente psicológico a la hora de decidir nuestro grado de deshonestidad. Por un lado hay una motivación económica racional que nos impulsa a obtener el mayor provecho posible del engaño, pero al mismo tiempo hay una motivación psicológica que nos lleva a querer considerarnos buena gente y tener una imagen propia positiva.

En definitiva, San Jerónimo ya había aseverado que los vicios son vecinos de las virtudes. Por esto mismo, ni aprovechamos todas las situaciones posibles para engañar, ni lo hacemos en su grado máximo. Ariely demuestra que factores como la cantidad de beneficio que podemos obtener o la probabilidad de ser descubiertos, influyen menos en nuestra deshonestidad que encontrarnos en una cultura que da ejemplos de deshonestidad o que incluso nuestra deshonestidad pueda beneficiar a otros; por otro lado, nuestra honestidad se refuerza no tanto por el miedo al castigo como por la existencia de promesas y compromisos asumidos personalmente o por una mayor supervisión y por recordatorios morales frecuentes.

Por ello, en esta línea, la tramitación de la Ley de Transparencia por nuestro parlamento puede ser un buen antibiótico, aunque no haya unanimidad entre los partidos, pero seguramente sus efectos serían más duraderos y efectivos si con periodicidad frecuente se pidiera a los políticos que firmaran una declaración de compromiso con dichos preceptos. De hecho, hay empresas que piden a sus empleados anualmente que firmen una declaración manifestando que no han incumplido su código de valores y que no conocen supuestos de que tal cosa haya sucedido sin que se haya tomado acción.

Los experimentos de Ariely concluyen que el engaño no solo es común sino infeccioso, en especial si lo vemos entre los integrantes de los grupos que nos resultan afines, y si el protagonista es una figura de autoridad -jefe, padre, maestro, alguien a quien respetemos- las posibilidades de contagio aumentan porque nos incitan a reconsiderar nuestra propia brújula moral.

De aquí la indulgencia que dispensamos hacia "los nuestros", y la exigencia radical que mostramos hacia "los otros" que, por lo demás, no hacen sino conspirar sistemáticamente contra nosotros, ¿o no? Por eso parece que no tenemos escapatoria: todos estamos expuestos a no comportarnos de manera absolutamente transparente y honesta, y ello en cualquier ámbito y momento de nuestra existencia: en el trabajo, en la familia, con los amigos... Seguramente por esto Groucho Marx afirmaba: "Hay una forma de saber si un hombre es honesto: preguntándoselo. Si dice que sí, es un sinvergüenza". 

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4 comentarios

Javier escribió
02/10/2013 00:26

Fantástico artículo por el contenido y por las referlencias literarias, cinemátográficas y hasta legales. Hacer un articulo no sólo interesante sino también ameno es un arte que está al alcance de pocos. Enhorabuena

Dracnegre escribió
12/09/2013 20:44

...también muy bueno. Pero, una vez más, nos dejas colgados de la brocha...; así es... Yo ya se lo comentaba a mi madre (que hizo de mí un buen niño): "...la gente no es tan buena y honrada como tú me cuentas...", ella simplemente suspiraba, sonreía y me recomendaba que le hiciese caso... En lo que le hice caso me procuró dormir bien. Ah, por supuesto que cuando hablas de honestidad lo haces desde la acepción anglosajona y así se sobreentiende... Es ya habitual la utilización de ciertas palabras en su acepción inglesa o francesa que son distintas a la acepción clásica del castellano, por ejemplo: evento en lugar de acontecimiento; enervar en lugar de enfadar y más que merecerían un largo comentario repleto de anécdotas y que no suelen concordar, en español clásico, con lo que se pretende significar… Sr. Paus Moscardó, gracias por sus exposiciones… Son siempre y buen motivo de reflexión y motivación ante tanto desmán… Yo tras la lectura y el comentario me tomaré una “Relaxing cup of café con leche” , siguiendo en consejo de la docta Botella… Adeu

Águila Roja escribió
11/09/2013 17:25

Lazaro Carreter, "El dardo en la Palabra"

pedro ramon roman brovia escribió
11/09/2013 17:04

Hola, Cristóbal:Creo que ya estoy despierto tras una siesta reparadora. He vuelto a leer con fruición tu estupendo artículo y, tan bien como siempre le sigues dando a tus fieles lectores una exhibición de periodismo excelentemente documentado sobre el momento y entorno actual, cultura erudita envidiable ( películas, libros, citas de famosos antiguos y modernos y santos varones , como decía Tip, ) y una lógica aplastante . Puedo "aseverar " y "asevero" sin caer en un ampalagoso peloteo lo antedicho después de atentas y severas lecturas de todo tu larga aportación a cuantos nos interesa la puesta al día con ayuda de pensadores de tu talla. Nos obstante, por lo que le leí aun académico de la lengua , de cuyo nombre no puedo acordarme, "hoestidad tiene más que ver con la decencia de cintura para abajo, que la honradez más relacionada con la decencia de cintura para arriba. No obstante consultado mi diccionario secreto se admite la acepción que tú has utilizado. Envidia me da esa tu magistral pluma, a la de escribir me refiero, y espero que la sombra de la sospecha no se cierna ominosa sobre esa nimia critíca que me acabo de permitir. No ha de ser óbice , valladar, cortapisa ni muro de contención para conciliar el sincero deseo de buscar la verdad con el reconocimiento de la perfección en tu envidiable forma de argumentación y estratégica manera de reforzar tus tésis, oportunas y respondiendo a una necesidad que pocos como tú identifican en el sentir de tus coetáneos. Si Dante levantara la cabeza, te daría un "papel" relevante en su divina comedia. Hasta a tu próximo artículo que espero muy pronto con mi admiración más explícita. Un fuerte abrazo, Ramón.

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